viernes, 12 de julio de 2013

Haruyo Morita





 
 

¿La conocen? Yo desde hace muy poco tiempo en que, por casualidad, no sé cómo, entré en una página y ví sus pinturas de kimonos. Adoro la pintura, (aunque no soy gran entendida), pero sé lo que me gusta y cuando ví estas me enamoraron sus colores, lo bien que refleja toda la tradición japonesa, y desde luego no tiene nada que ver con nuestros Velázquez, Goya, Murillo, Sorolla.., pero es un gozo y una alegría para nuestros sentidos, al menos para mí.










He intentado saber de ella, su biografía, pero la verdad es que hay muy poco escrito, así que lo poquito que he podido sacar os lo dejo.

Haruyo Morita, japonesa, nació en Kita_Katsushika, en 1.945 aunque hace tiempo que vive en Nueva Gales del Sur, en Australia, según ella tiene un clima y una luz idóneos para crear sus obras. Empezó a pintar desde muy joven, tutelándola el maestro Husuki. Su fuente de inspiración ha sido el teatro Kabuki. Ha realizado exposiciones en muchos lugares, esperemos que pronto tengamos la suerte de poder admirar su obra aquí.
 


























miércoles, 3 de julio de 2013

Hablemos de ... Confucio


 




 “La situación en que nos hallamos cuando todavía no se han desarrollado en nuestro ánimo la alegría, el placer, la cólera o la tristeza, se denomina “centro”. En cuanto empiezan a desarrollarse tales pasiones sin sobrepasar cierto límite, nos hallamos en un estado denominado “armónico” o “equilibrado”. El camino recto del Universo es el centro, la armonía es su ley universal y constante.”







   Este es un fragmento del 2º de los “Cuatro Libros” de Confucio.
  Aunque siempre he oído su nombre, no ha sido hasta hace poco tiempo que, por casualidad cayó en mis manos un libro, “Analectas”; empecé a leerlo con más curiosidad que interés y enseguida me empezó a gustar y a leerlo con ganas.
Este libro es el mayor trabajo sobre el Confucianismo. Son unos escritos en los que se tratan las charlas y las enseñanzas a sus discípulos. Y vamos a conocer algo de su biografía: Confucio fué un filósofo y pensador chino (551 a. C _479 a. C.). Nació de una familia noble pero arruinada, lo que no impidió que recibiera una buena educación. Su nombre era Kong Zi o Maestro Kung, y siglos después los jesuítas latinizaron su nombre como lo conocemos en Occidente: Confucio. Cuando tenía 3 años su padre murió, dejando a la familia aún mas pobre.







Ya de mayor estuvo muchos años intentando transmitir sus ideas de justicia y libertad, pero al no tener éxito decidió dedicarse a la enseñanza, y pronto se rodeó de numerosos discípulos. A partir de ahí se creó el “Confucianismo”, que no es más que “el conjunto de enseñanzas y doctrinas predicadas por el filósofo chino”, siendo un gran referente en la historia de China, que durante muchos siglos tuvo sus enseñanzas como religión principal.







Algunos de sus pensamientos:

Aquel que procura asegurar el bienestar ajeno,ya tiene asegurado el suyo.


 


Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla.




El hombre de bien exige todo de sí mismo. El hombre mediocre espera todo de los otros.


 


Saber lo que es correcto y no hacerlo es la peor cobardía.


 


Cuando veas un hombre bueno, intenta imitarlo; cuando veas un hombre malo, examínate a tí mismo.


 


No son las malas hierbas las que sofocan el grano, es la negligencia del labrador.




Algún dinero evita preocupaciones, mucho, las atrae.


 


Exige mucho de tí mismo y espera poco de los demás. Así te ahorrarás disgustos.




Por muy lejos que el espíritu vaya, nunca irá más lejos que el corazón.


 


Cuando el objetivo te parezca difícil, no cambies de objetivo; busca un nuevo camino para llegar a él.


 


Me lo contaron y lo olvidé; lo ví y lo entendí; lo hice y lo aprendí.


 


Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio.






 






miércoles, 5 de junio de 2013

Vamos de cuentos... ¡Esto me pertenece!








Una anciana falleció y fué llamada por los ángeles ante el Tribunal.
Pero al examinar su historial, el juez descubrió que aquella mujer no había realizado un solo acto de caridad, a excepción de cierta ocasión en que había dado una zanahoria a un mendigo famélico.

Sin embargo, es tan grande el valor de un simple acto de amor que se decretó que la mujer fuera llevada al cielo por el poder de aquella zanahoria.
Se llevó la zanahoria al Tribunal y le fué entregada a la mujer. En el momento en que ella tomó en su mano la zanahoria, ésta empezó a subir como si una cuerda invisible tirara de ella, llevándose consigo a la mujer hacia el cielo.


 


Entonces apareció un mendigo,el cual se agarró a la orla del vestido de la mujer y fué elevado junto a ella; una tercera persona se agarró al pie del mendigo y también se vió transportado.
Pronto se formó una larga hilera de personas que eran llevados al cielo por aquella zanahoria. Y, por extraño que pueda parecer, la mujer no sentía el peso de todas aquellas personas que ascendían con ella; y además como ella no dejaba de mirar al cielo, ni siquiera los veía.

Siguieron subiendo y subiendo, hasta llegar prácticamente a las puertas del cielo. Entonces la mujer miró hacia abajo para echar una última ojeada a la Tierra, y vió toda aquella hilera de personas detrás de ella. Aquello la indignó, y haciendo un imperioso ademán con su mano, gritó:
¡Fuera!, ¡Fuera todos de ahí!, ¡Ésta zanahoria es mía!

Pero, al hacer aquel imperios gesto, soltó la zanahoria por un momento... y se precipitó con todos hacia abajo.
Hay un solo motivo de todos los males de la Tierra, y es pensar:
¡esto me pertenece!.